dijous, 8 de març de 2018

UN HOMENATGE A LA DONA

Un homenatge a les dones que avui no fan el dropo.

Así son las cosas. Hay hombres y hay mujeres. Los hombres y las mujeres son iguales en dignidad y naturaleza, y diferentes biológica y psicológicamente. Gràcies a la seva diversitat i complementarietat gaudim d’unes relacions humanes riques i polièdriques que ens fan millors; gracias a que hay hombres y mujeres estamos vivos.
Ahora nos dice la ideología de género que hombre y mujer están en lucha eterna. Que la mujer tiene que ser como el hombre, y el hombre como la mujer. Que no hay hombre y mujer, sino “identitat de gènere” (mujer, hombre, genderqueer; falta), “expressió de gènere” (femenino, masculino, andrógeno), “sexe biològic” (femenino, intersexual, masculino) y “orientació sexual” (heterosexual, bisexual, asexual, pansexual, homosexual).
O sea, que no tenemos una naturaleza propia. Y claro, como ya no hay hombre y mujer, no hay padre y madre, sino progenitor A y progenitor B. Y si no hay padres, no hay familia. Y si no hay familia, el hombre desvinculado se lanza en brazos de las ideologías que lo zarandean a su gusto, Y así, dirigido por los poderosos de turno, el hombre es sólo un muñeco con el que el Estado puede hacer lo que le plazca. 
Qué vacía es la vida de una mujer cuando llega a los 50 y se da cuenta de que ha desperdiciado su juventud tratando de ser como le dicen en la tele. Chesterton predijo que “pronto estaremos un mundo en el que la gente colgará a un hombre por enloquecer a la masa diciendo que la hierba es verde”. Doncs ja hi estem arribant. La hierba es verde, el hombre es hombre y la mujer es mujer. Que no nos timen los cursis y poderosos de turno.
Y como hoy es San Juan de Dios, nos acordamos de las mujeres incansables que entregan su vida a sus hijos sin contar los años, los días o las horas, pase lo que pase, cueste lo que cueste. Y a sus maridos, hermanos o padres.
Y a los más pobres. como hizo Isabel Solá, asesinada en Haití en septiembre de 2016.  Antes había estado 18 años en Guinea Ecuatorial, de donde llegó en 2008 a Haití. Isabel era barcelonesa y, como tantos catalanes ejemplares, su vida era mucho más grande, Ella quería gastarla en algo que está por encima de victimismos, feminismos y ombliguismos. Por eso, tras el terremoto de 2010, podía declarar que: Haití es mi casa, mi familia, mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios”.
Anda, Pablo, dile a las mujeres que hagan huelga y se pongan a tus pies, que les dones dolces no estem per parides.
Dolça i femenina Catalunya…